La llamada

Dar un paseo sin correa es lo mejor para un perro, porque le permite explorar, buscar y olfatear, además de aprender a encontrar su camino y a ser independiente. Por otra parte, es una excelente fórmula para cansarle y que, de esta forma, sea un perro relajado y feliz.

Pero antes de aventurarnos a pasear sin correa con nuestro perro debemos asegurarnos de que vuelve cuando le llamamos, tanto por su seguridad como por nuestra tranquilidad.

El aprendizaje puede iniciarse a una edad temprana. Boris tiene solo 2 meses y ya está listo para aprender a responder a la llamada.

Como siempre, los ejercicios de aprendizaje debemos hacerlos cuando el perro está cansado y, por tanto, relajado. Además, debemos practicar con regularidad, paciencia y, sobre todo, con cariño. El objetivo siempre será ayudar a nuestro perro a alcanzar el éxito y alimentar así su bienestar.

Aquí tenéis un resumen de los pasos fundamentales:
– Debemos tener siempre chuches en la mano o en nuestros bolsillos para premiar a nuestro perro cuando haga bien los ejercicios.
– Llamamos al perro por su nombre (yo suelo emplear la voz más suave y dulce de la que soy capaz para llamar a Boris) y, cuando se acerque, nos agachamos.
– Animamos al perro a venir hacia nosotros y, cuando se acerca, le felicitamos y le premiamos con una chuche.
– Si el perro no responde a nuestra llamada, debemos tener muy presente que NO es su culpa y que, por tanto, no debemos enfadarnos con él. El hecho de que no responda a nuestra llamada puede deberse a múltiples causas: está demasiado lejos, hay algo que le resulta más interesante, nuestra voz no suena lo bastante cariñosa…..
– Debemos seguir intentándolo y ayudar a nuestro perro a alcanzar el éxito, y eso requiere practicar con regularidad y mantenerse firme hasta que responda a nuestra llamada. Es decir, debemos asegurarnos de que, el día que lo necesitemos de verdad, el perro acuda a nuestra llamada.
– Cuando finalmente logremos que el perro venga hasta nosotros, tras felicitarle y darle una chuche, debemos darle sentido a esa llamada, de forma que el perro entienda que no le hemos hecho venir para nada o para algo negativo (ej.: atarle). Por ese motivo, es necesario hacerle saber lo que deseamos que haga en ese momento: que se vaya (recuperar la libertad), que se quede junto a nosotros, etc.