Educar a un perro es guiarlo en la elección del comportamiento que le permita vivir en sociedad (con personas y con otros perros). Y esto es importante porque el comportamiento natural de un perro a menudo resulta poco aceptable en sociedad. Por ejemplo: que un perro robe comida de la mesa es algo natural (y casi vital)para él, pero no es algo aceptable en sociedad.

Educar a un perro puede ser intentar corregir el comportamiento que nos moleste, pero sin olvidar que lo más importante es el bienestar del perro y que, por tanto, el fin no puede justificar cualquier medio. De hecho, incluso cabe la posibilidad de que el humano tenga que cambiar algunos aspectos de su vida para favorecer el bienestar de su perro.

Educar a un perro no es cambiar su naturaleza ni convertirlo en un robot, sino respetar su autonomía, su capacidad analítica y de decisión. Todos ellos aspectos que debemos fomentar y desarrollar.

Educar a un perro es observarlo, tratar de comprenderlo y anticiparnos a sus reacciones.

Educar a un perro es conservar el sentido del humor. Aprender a disfrutar con ellos de las tonterías que a veces hacen.

Educar a un perro es entender que no es un juguete, que su misión no es correr tras una pelota o un palo, o agotarse de otras formas absurdas. El objetivo de la educación no es excitar al perro, sino enseñarle a relajarse. También es aceptar que no se trata de un peluche que uno manipula y con el que habla sin parar.

Para educar a un perro no es necesario (ni conveniente) utilizar ninguna herramienta o acción coercitiva (collar estrangulador/de pinchos, clickers, agresividad verbal). El perro es un animal demasiado inteligente para sufrir este abuso.

Educar a un perro es respetar su espacio, porque es algo muy importante para él. Es aceptar su vida social canina y mantener cierta distancia cuando interacciona con otros perros (aunque no dejemos de vigilar). Una vez que se toman las precauciones necesarias, debemos confiar en los perros. Ante la duda, una correa larga (no extensible) es la mejor medida de seguridad.

Alain Bartolomé Bisotti Portolés, Febrero 2018